“Escapadas cortas para evadir el síndrome postvacacional”

escapadas cortas para evadir el síndrome postvacacional
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El síndrome post-vacacional no se puede considerar como una enfermedad sino como un proceso adaptativo a la vida laboral después de las vacaciones que, para algunas personas, puede resultar difícil.

 

Realizar escapadas cortas para evadir el síndrome postvacacional es uno de los consejos que se describen más abajo. Y es que con septiembre y el fin de las vacaciones, para algunos, la vuelta a la rutina se puede hacer muy cuesta arriba.

La sociedad científica difiere acerca de la definición o la existencia real del síndrome postvacacional, ya que unos lo consideran como producto de que en el entorno el trabajo se tiene una actividad negativa, obligada y sacrificada.

En las sociedades en las que se considera el trabajo como algo creativo, con sentido por sí mismo y digno para el ser humano, este síndrome es prácticamente inexistente.

 

“Pensar en la siguiente”. Hacer escapadas cortas durante todo el año eliminarán el síndrome postvacacional

 

Esta patología puede manifestarse en personas que lo sufren en una intensidad que depende mucho de la persona, su entorno y sus responsabilidades u obligaciones.

Por lo general, el síndrome postvacacional se caracteriza por un cuadro de características comunes al estrés y/o la ansiedad, tales como: bajo estado de ánimo, decaimiento, apatía, ansiedad, falta de energía, sensación de hastío o la percepción de no ser capaz de adaptarse de nuevo al entorno laboral.

Cualquier cuadro de estrés disminuye considerablemente la calidad de vida y el rendimiento de quien lo padece. Sin embargo, dicho síndrome no suele durar más de 2 ó 3 de semanas.

 

10 consejos para prevenir el SÍNDROME POSTVACACIONAL:

 

Para aminorar o evitar que aparezca lo más importante es reservar unos días al final de nuestras vacaciones para que la adaptación a la rutina sea lo más fluida posible.  No hay que volver justo el día anterior.

Los horarios se deben adaptar a los habituales de forma suave y progresiva. Por ejemplo, se puede ir adelantando poco a poco la hora de acostarnos y levantarnos una semana antes del regreso al trabajo, para que después la incorporación laboral no nos cueste tanto.

No llevar a cabo las actividades habituales de forma brusca e intensa. Tenemos que darnos el tiempo necesario para adaptarnos a la nueva situación y programarlas a lo largo del día en función del nivel de energía y humor que tengamos.

No “llevarse trabajo a casa”, dejar en el trabajo lo concerniente a éste.

 

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Mantener una actitud realista y proactiva, sin sopesar una y otra vez, de manera repetitiva y poco productiva, todas las alternativas a las cuestiones planteadas.

Plantear los problemas laborales del modo más simple y esencial posible, prescindiendo de los detalles y sopesando la esencia para encontrar las soluciones.

Practicar la relajación en intervalos regulares, eliminar pensamientos erróneos o ideas irracionales que puedan darnos ansiedad y no dejar de practicar deporte, es una de las actividades que más ayudan.

Es importante no dejar solo para las vacaciones todo aquello que resulta gratificante. Hay que buscar siempre, durante todo el año, tiempo para ti, para lo que te gusta hacer y te hace feliz.

Es mejor ilusionarse por el nuevo curso. Pensar que tenemos todo un año por delante para hacer muchas cosas.

Realizar escapadas cortas para evadir el síndrome postvacacional, hará que la vuelta a la rutina sea mucho más simple.

 

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